Ser padres en distintas etapas de la vida

Las ganas de tener un hijo deben surgir de un proyecto en común. Es necesario que coincida esa etapa individual con la de la pareja. Una vez que eso sucede, estamos en condiciones de afirmar que un embarazo a los 20 años, no es lo mismo que a los 30 o a los 40.

A los 20 una mujer tiene muchos bríos para abrirse camino, se lleva el mundo por delante. Es probable que este primer hijo llegue en la mitad de un proyecto de formación, la sorprende en una euforia cuasi adolescente. También es probable que la pareja esté en formación durante esta etapa.

A los 30 la mujer está más plantada en la vida. Quizás ya está trabajando o ejerciendo su profesión. Un hijo en esta etapa no le interrumpe nada. Cada pareja decide el momento de traer un hijo al mundo, pero es importante desterrar el mito de que la vida termina con el nacimiento del primer hijo (ni del segundo, ni el tercero). Una puede seguir desarrollándose profesionalmente o realizarse. Este tema está explicado de una forma más ampliada en el capítulo de reinserción laboral.

Hoy es muy común que ésta sea la edad para tener el primer hijo ya que la mujer, generalmente porque prioriza su realización personal, va retrasando la maternidad. Otras, comienzan a desempeñarse en su carrera u oficio, pero dejan la realización mayor para después de la maternidad.
A los 40 muchas mujeres forman por primera vez una pareja estable. Esta etapa las encuentra mucho más aplomadas en su personalidad pero tienen una desventaja al embarazarse por primera vez: estuvieron muy acostumbradas a estar sin un bebé durante 40 años. Esto se compensa con un anhelo muy grande de ser madres y la felicidad porque ha llegado ese momento.

Padres hoyHay mujeres que tienen dos hijos en distintas etapas de su vida. Ese fue el caso de Marta que quedó embarazada de Carla a los 21 años, seis meses después de haberse casado con Jorge. En esa época, Marta se había recibido de maestra jardinera y tenía dos turnos en un jardín del barrio. Jorge trabajaba como vendedor en un negocio de ropa. Alquilaban un departamento chiquito y lo que ganaban a duras penas les alcanzaba para llegar a fin de mes. Cuando Carla cumplió 3 años, Marta y Jorge se divorciaron. Cinco años después, Marta conoció a Juanjo, un empresario gastronómico. A Juanjo le iba muy bien en los negocios y al poco tiempo le pidió a Marta que se mudara con Carla a su casa de San Isidro. Juanjo trató de que Marta se interesara cada vez más en sus negocios y la puso al frente de tres restaurantes. A los dos años, Marta quedó embarazada. Tenía 31 años, una hija de diez, un marido nuevo al que amaba y una vida mucho más acomodada que hace años atrás. Se había convertido en una empresaria y no pasaba privaciones. Pero además, en estos diez años, la vida le había enseñado muchas cosas y ahora la había colocado en un lugar mucho más aplomado y seguro. Ella sentía este embarazo como si fuese el primero, no porque pasara por alto su experiencia con Carla, para nada, sino que se sentía una mujer nueva, totalmente distinta a esa chiquita de 21 años que temblaba al hablar y no terminaba de entender el milagro de ese bebé que crecía en su vientre.

A los 20 años, una está más pendiente de otras cosas, necesita salir más, le cuestá cuesta más resignar salidas con los amigos que tienen hijos de otras edades o que todavía no tienen. La mujer responde físicamente muy bien para correr por todos lados al bebé y seguirle el ritmo y recupera más rapidamente su silueta.

La mujer de 40 compensa todo esto con la experiencia de vida, la madurez, las no asignaturas pendientes y el actual concepto del cuidado del cuerpo después de los 35 o 40 años.

De esta forma, la misma mujer está pasando por otra etapa personal, además de la de pareja. El primer hijo la encontró en un momento totalmente distinto, con una mentalidad distinta y con una pareja distinta. Esto quiere decir que siempre es BIENVENIDO un embarazo, porque siempre nos encontrará en alguna etapa mejor en algún aspecto de nuestra vida.

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